Los guerreros de la tiza

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Los usuarios son los nuevos abanderados de la revolución inalámbrica.
La guerra de la tiza ya ha comenzado, permanece alerta porque quizá dentro de poco veas una marca de tiza en tu barrio, a la vuelta de la esquina.
Warchalking (guerra de la tiza) es el entretenimiento de moda entre los geeks de Inglaterra y Estados Unidos. Tal vez lo veamos pronto por aquí, e incluso quien sabe, a lo mejor quieres ser tú el próximo warchalker local de tu calle.

Antes de explicar de qué va todo esto, situémonos en el año 1930, la época de la llamada Gran Depresión, concretamente en la ciudad de Nueva York. La gente anda buscándose la vida como buenamente puede, entre ellos una comunidad de vagabundos itinerantes llamados “hoboes”.

Los hoboes cuentan con su propia reglamentación e incluso con un rey votado por consenso.

Estos aventureros nómadas debían comunicar al resto de colegas cuáles eran los sitios donde podían ser bien acogidos o cuáles podían entrañar algún tipo de peligro y para ello desarrollaron un código de signos propio, que dibujaban con tiza en aceras y paredes.

Pero no te preocupes, no existe por el momento ninguna depresión económica que empuje a los ciudadanos a recuperar este sistema. Muy al contrario, los nuevos dibujantes de la tiza van armados con sofisticados aparatos de última tecnología y se mueven por mundos virtuales.

Si ves escrito en una farola un signo parecido a esto )( es que te encuentras cerca de un “Hotspot”, o zona caliente, donde alguien ha colocado una antena Wi-Fi conectada a La Red para uso público (sin encriptación), es decir, un sitio desde donde conectarse gratis a Internet desde por ejemplo, un portátil o una Palm.

Estas zonas calientes están creciendo como setas, ya que los dispositivos que la hacen posible son cada vez más asequibles para el público (existen routers -direccionadores- por menos de 100 $). La pregunta que surge ahora es, ¿qué pasará cuando casi todo el territorio nacional disponga de esta cobertura de acceso gratuito?

Bueno, en teoría este sistema puede ofrecer Internet a alta velocidad y sin necesidad de pagar un duro, excepto para aquellos que han plantado la antena. Si llega el momento en que todos pueden tener acceso gratis, entonces desaparecerán un montón de proveedores de Internet y los que queden, perderán una gran cantidad de dinero.

Conscientes de ello, las teleoperadoras ya se están adelantando montando sus propias redes basadas en este protocolo (a nadie se le escapa que Internet inalámbrico a alta velocidad puede significar servicios de telefonía celular o de videoconferencia sin pagar un duro, y a cualquier parte del mundo -por el momento, las operadoras se enfrentan ya a empresas que ofrecen servicios de voz sobre IP-), solo que en lugar de pintar un signo con tiza, cobran estos servicios inalámbricos y lo protegen bajo contraseña para que solo puedan acceder aquellos que pagan religiosamente su cuota.

La legislación española en este sentido no permite instalar antenas que sobrepasen un radio de cobertura determinado. Por el momento, la CMT ya ha impuesto sendas multas a dos ayuntamientos por montar redes Wi-Fi sin permiso.

Dado que ya existe la tecnología necesaria para abarcar zonas de muchos kilómetros, nos enfrentamos a una posible nueva y complicada batalla entre operadoras y ciberhoboes, de consecuencias por el momento imprevisibles.

Autor

Juan José Palacios Valdecantos

Consultor de Marketing independiente

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