A propósito del fracaso de Teknoland

Quizá ahora, cuando siguen apareciendo en la prensa los titulares negativos sobre la crisis de Internet haya que empezar a levantar algo el ánimo.

Cierto es que las malas noticias no paran de azotar al sector de las nuevas tecnologías. La última, la de Teknoland.

Teknoland

Como saben los lectores, La consultora de Internet Teknoland, es una de las empresas pioneras de la Red en España, y acaba de presentar suspensión de pagos (con un pasivo de 2.000 millones de pesetas), a la vez que interpuso una demanda de 8.500 millones contra Terra Networks, poseedora de un tercio del capital, por incumplimiento de contrato.

Dice Teknoland, que cuando Terra Networks entró en la compañía, en junio de 1999, contrajo la obligación de financiar la empresa y comprar la totalidad de la compañía en el momento en que los accionistas lo pidieran. Pero cuando los accionistas de Teknoland plantearon a Terra la venta de la totalidad de la empresa, Terra decidió no ejercer la opción de compra.

Teknoland llegó a estar valorada en 1.200 millones de dólares(204.000 millones de pesetas) en los momentos culminantes de la burbuja de Internet; y ahora esta echando a buena parte de sus trabajadores.

La enseñanza de siempre.

La compañía nació en el 1995 y creció aplicando una economía austera, en un mercado en el que empezó desarrollando webs. Todo fue bien y el negocio estuvo absolutamente saneado hasta que en 1999, en plena ebullición y locura de Internet, se perdieron las perspectivas: surgieron los momentos de plata dulce y cortejos empresariales. Entonces, valorada en 8.200 millones, entró en la órbita de Terra, que adquirió ya un 25 por ciento del negocio y el compromiso de apoyo para el plan de futuro.

Para salir a bolsa y presentarse como la gran consultora española, empezó a crecer de forma desmesurada; abrió oficinas en Portugal, EE.UU. Chile, Argentina, México; compró compañías varias… Siguió engordando hasta que al final del 2.000 se descubrió que los gastos eran imposibles de financiar, los ingresos muy inferiores a los esperados y el futuro negro.

Teknoland se había lanzado a la piscina, y en ésta no había agua.

Apenas hace unos meses, Luis Cifuentes, consejero delegado de Teknoland, decía: el concepto de empresa y la organización tienen que cambiar tan rápido como el mercado. Pero el mercado y la empresa habían cambiando menos en la realidad que en la mentalidad de los directivos de la empresa.

Los problemas en el ámbito de internet seguirán. La misma Terra está dando únicamente quebraderos de cabeza a la gran Telefónica.

Locos y cuerdos

El ámbito de internet no tiene una racionalidad distinta a la del resto de la economía. El problema es que muchos, entre ellos los teknolandes, perdieron la cordura, en medio de la burbuja especulativa general. Fue una locura bastante extendida, que incluso hizo cometer monumentales errores a hombres de negocios caracterizados por su frialdad.

En el ámbito de Internet, sin embargo, no debe reinar el pesimismo, sino un sano realismo y una conciencia de que las cosas van a ser más difíciles y más lógicas de lo que se suponía.

El sector está padeciendo una crisis de crecimiento absolutamente necesaria, crisis en la que tenían que caer edificios construidos sin la más mínima base; proyectos disparatados.

Pero tranquilos, que internet no falla; el crecimiento de la utilización de internet es imparable. En plena crisis continúa aumentando la presencia de internet en la vida de los ciudadanos de todos los países; y los planes de comunicación de todas las compañías tienen a Internet como un ámbito ya ineludible.

Es cierto que llegó ante nosotros la primera crisis de la economía naciente; jamás fueron eternos los días de bonanza. Pero tras el movimiento alcista desproporcionado, carente de base empresarial, vuelve la sensatez. Aquellos días extraños en los que eran garantía de futuro de una empresa sus deudas y osados planes de inversión han acabado. Ahora volvemos a hablar de los beneficios, del retorno de la inversión…

Internet sigue creciendo, con mayor racionalidad que los quiméricos soñadores que emprendieron vuelos sin motor en los días de euforia colectiva.

Ánimo
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