A la revolución económica por Internet: iniciativas y miedos.

Inicio del año 2000. Durante meses, los niveles alcanzados por el valor de las acciones vinculadas a Internet han proseguido un alza desmesurada.

A los pocos meses de nacer, Terra alcanza un valor en bolsa de más de seis billones de pesetas, situándose entre las firmas claves del mercado de valores español, por encima incluso del BSCH. Esto es realmente una fantasía hecha realidad, por no hablar de una burbuja especulativa, fomentada por el miedo al futuro.

Terra, que perdió en 1999 unos 30.000 millones de pesetas ha multiplicado su valor en meses, en tanto que Repsol, que ganó 168.000 millones, vale en bolsa muchísimo menos y en lo que va de ejercicio ha visto descender su cotización un 17 por ciento.

En los dos primeros meses del año 2000, los valores tecnológicos españoles o de las empresas vinculadas a ellos han subido: Terra, Bankinter, Indra, TPI... y el balance de otras grandes del mundo de los bancos, constructoras,, distribuidoras comerciales, etc. presenta descensos de hasta el 20 por ciento.

Y esto que pasa en España es reflejo de lo que ocurre en EE.UU., donde en el mismo período bate plusmarcas el índice Nasdaq (referido a los valores tecnológicos) en tanto que el Dow Jones lleva una caída del 15 por ciento, con grandes bajadas de cotización de empresas tradicionales: General Motors, Merck, General Electric, etc.

Donde está razón de todo esto: en el miedo a quedar descolgado de los valores del futuro, miedo que comparten empresarios y accionistas.

El empresario ha asumido como dogma de fe que hay que estar en Internet y el accionista asume también este dogma con la férrea fe de los extremistas doctrinarios, invirtiendo en valores relacionados con las nuevas tecnologías, aun a costa de desinvertir –muchas veces con pérdidas- en empresas tradicionales que no presentan dificultades en sus balances.

Pero empresarios como inversores tienen tanta fe en Internet que marchan a veces algo a ciegas. En la bolsa de valores cotiza al alza la declaración de cualquier directivo que dice que va a hacer algo en Internet, que pone una tienda virtual, que estudia la creación de una banca electrónica o que anuncia un acuerdo con una empresa de las nuevas tecnologías.

En el mundo empresarial todos quieren hacer algo en el mundo de Internet, pero no saben qué. Primero intentaron hacer una web-escaparate; luego se percataron de la necesidad de meter variabilidad de contenidos, para dar movilidad a su presentación primera, después han querido iniciar la venta, pero los resultados actuales les parecen pobres... Todos invierten en Internet pero sin ver los resultados, con lo que cunde cierto desasosiego. Porque el empresario está especialmente obsesionado por justificar su gestión ante el accionista, aún más que ante el cliente y sus propios trabajadores.

Formados muchos de los gestores económicos en décadas pasadas, con valoraciones y técnicas económicas clásicas, poseen complejo de inferioridad ante los jóvenes que acumulan éxitos y beneficios con iniciativas en materia de las nuevas tecnologías, unas tecnologías que despiertan en ellos inquietud y temor. Porque apenas familiarizados con el Internet clásico, está apareciendo ya la tecnología WAP, que traslada los desarrollos del PC a los teléfonos móviles... y la “cosa” está empezando.

Las preguntas que rondan en la mente del empresario tradicional son: ¿Es rentable esto?, ¿Estoy trabajando en la línea adecuada?, ¿Me estoy situando entre los ganadores de la pugna tecnológica?...

De momento, quienes han invertido en Internet confiando en la publicidad, tienen ante sí un medio que en España no se ha consolidado como alternativa seria a radio, TV y medios escritos. Sólo un 10 por ciento de los españoles entran en Internet y son sobre todos jóvenes. El consumidor alto no entra apenas aún.

En el comercio electrónico se van abriendo paso las ventas de productos fácilmente transportables: libros, discos y poco más. Aquí casi nadie se atrever a comprar un piso o un coche a través de la red. Donde si parece abrirse camino es en materia financiera: banca electrónica, negocios de valores...

Pero se confía en que el negocio electrónico siga creciendo con fortaleza.

Se nota el temor en los ambientes tradicionales. En estos días se ha visto cómo los agentes de viajes tienen miedo que Iberia esté derivando hacia la Red la comercialización de billetes; los farmacéuticos han dado una rueda de prensa para “anatemizar” la venta de medicinas a través de Internet, etc. Los síntomas son esos: todo el mundo ve que se están modificando las pautas de comportamiento... y pocos tienen la certeza de que están respondiendo en la línea adecuada.

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