Morir Matando

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Internet y la evolución de los modelos de negocio.
Poder desplazarse a la velocidad de la luz, para la mayor parte de la gente es una bendición tecnológica; para otros es un quebradero de cabeza constante, que ni la Biodramina es capaz de mitigar. Y es que, aunque según los postulados clásicos de la Relatividad einsteniana existe una limitación física infranqueable para los cuerpos compuestos de átomos y nunca podremos viajar a la velocidad de la luz, la información sí que lo hace y esto es lo que posibilita que puedas descargar este texto en Nueva Zelanda como si estuviera en el ordenador de una habitación contigua.

Reconozco humildemente que a mí esto me parece magia. Tengo la enorme suerte de vivir de lleno en una época de constantes progresos tecnológicos, en la que los bienes de consumo ya no están hechos de átomos, sino de bits: ceros y unos atravesando fronteras en menos de un suspiro. A diario llegan a la pantalla de mi ordenador noticias de nuevos aparatitos tecnológicos que multiplican las capacidades de sus predecesores. Guau.

Todo va tan deprisa que nos cuesta asimilarlo. Conservo un escritorio en mi casa donde hacía los deberes del cole (mi madre tendría serias objeciones sobre esta afirmación) cuando era un chaval, sin embargo, mi teléfono móvil de hace tan sólo dos años provoca sonrisas condescendientes entre mis allegados. El escritorio me durará probablemente bastantes años más, pero al teléfono le voy a tener que "dar puerta" en breve.

El progreso nos pasa por encima creciendo a un ritmo exponencial y ello provoca profundos cambios en la sociedad y en nuestra forma de vivir: nuestras costumbres, nuestros trabajos, nuestras relaciones personales, etc.

Uno de los cambios más notables se está produciendo en el comercio. Internet abarata costes, eliminando intermediarios, lo que obliga a las empresas a aportar un valor añadido para no perder competitividad. Muchas empresas han comprendido esta evolución y ya han adaptado su estrategia al nuevo status quo. Otras, sin embargo, se resisten a perder una serie de privilegios de los que venía gozando hasta ahora y se defienden como gato panza arriba.

Un claro ejemplo lo representan las casas discográficas. Cuando la consigna primordial en el mercado actual es la orientación al cliente (actual o potencial), la industria musical (y más recientemente, la del cine) se dedica a demandar a su público, entre otras exquisiteces represivas. Muy poco constructivo, desde luego, pero es que saben que hoy por hoy son el eslabón más prescindible de la cadena.

Se acabaron las grandes fiestas en lujosas residencias, los billetes de avión en primera clase y los hoteles de cinco estrellas.

Así que, en lugar de adaptarse a un cambio que es irreversible ofreciendo un servicio de mayor calidad, se obstinan en mantener su modelo actual de negocio por la fuerza, mientras puedan.

Artistas como George Michael, hartos de esta situación (el creador se lleva un pequeñísimo porcentaje del precio final del CD), ya han decidido vender su producto directamente a través de Internet. Otros intérpretes económicamente más modestos aplauden la descarga ilegal de sus temas, ya que eso les confiere notoriedad y mayores ingresos por otros conceptos.

Mientras la RIAA o la SGAE se entretienen demandando a usuarios de las redes P2P o gravando el precio de los CD vírgenes, empresas de tecnología como Apple con su iTunes o Rhapsody se están haciendo con el negocio de la distribución musical.

Los artistas independientes asisten atentos a este cambio de timón, con la esperanza de que no sean otros jefes con las mismas gorras.

Los aficionados a la música también estamos expectantes, pero con el deseo de que nos sirvan más ceros y unos de bits musicales a la velocidad de la luz, con una mayor oferta y a menor precio. Que para eso sirve la evolución.

Autor

Juan José Palacios Valdecantos

Consultor de Marketing independiente

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Comentarios

Alberto

14/9/2005
Hoy en día, desde los cantantes con más caché a los más modestos, no se hacen ricos por las ventas de sus discos, sino por los conciertos en directo que hacen...
Y me parece bien, porque en realidad encima de los escenarios se demuestra la validez o no de un cantante.