En la Corte del Rey GNU

El software libre ha demostrado ya con creces que su eficiencia y valor real son mucho mayores de lo que muchos habrían podido sospechar.
Cuando decides diseñar un sitio web puedes darte con un canto en los dientes. Y no hay que sentirse un fracasado, porque suele pasar. Crear un lugar donde exponer información disponible para millones de personas -aunque a fin de cuentas, los visitantes reales no serán tantos-, es una idea fabulosa y muy arriesgada que requiere de grandes dosis de creatividad, ingenio, paciencia y mano dura.

Construir un sitio web puede parecer tan loco como emprender la edificación de un palacio, y es que además del talento natural y de la técnica adquirida durante el periodo de aprendizaje, se necesitan muchas herramientas que son, en la mayoría de los casos, muy muy caras. Con frecuencia su precio en el mercado supera los trescientos euros por licencia. Podemos hacer la prueba; podemos buscar las tiendas en línea de Adobe y Macromedia, los próceres del medio digital, y echar un vistazo a sus productos estrella. GoLive! y Dreamweaver constituyen tan sólo la punta del iceberg, por decirlo así; con estas herramientas ya estamos preparados para... escribir en modo visual cada página, que del código fuente se encargan ellos. Pero está claro que en estos tiempos de falta de economía y gran estética ya no es suficiente con un portal basado exclusivamente en textos. Incluso la página más elemental tiene algún gráfico que la engalana, por no hablar de animaciones básicas en formato gif, que muchos consideran desfasado, o en archivos flash. Macromedia Flash, el instrumento fundamental de la animación para el web, está valorado en una fortuna. Las alternativas en modo vídeo, como películas QuickTime o formatos nativos de Windows Media son más accesibles, pero inútiles para el caso que nos ocupa. Volviendo a la cuestión de las imágenes, ¿no es necesario editarlas? Pues sí, me temo que sí. Tanto para adaptar su estilo al ritmo de nuestro sitio, como para optimizarlas. Adobe Photoshop, sumo pontífice de esta región, es carísimo, sin duda, y los instrumentos básicos de ilustración vectorial, Illustrator, Corel Draw y Freehand también son prohibitivos.

Sin embargo, la comunidad GNU, principal exponente mundial de la teoría del software libre, ha logrado situar en el uso cotidiano aplicaciones de software tan notables que pueden equipararse, sin el ánimo exagerado, a programas comerciales cuyos precios oscilan desde unos pocos euros hasta miles.

En términos generales puede decirse que existe un desconocimiento muy amplio sobre las posibilidades de GNU. Desde un punto de vista estructural, de impacto social, digámoslo así, no queda más remedio que especular. Hace unos días tuve una breve discusión con un colega a propósito de las posibilidades de expansión reales de Linux; de la conversación resaltaba que los razonamientos típicos son exclusivamente mercantilistas, relacionados con el poderío financiero de Microsoft, y dejan de lado otros motivos igualmente importantes (como la "asistencia técnica", una frase tan sobada por la empresa de Bill Gates que parece perder parte de su significado). Lo que haya de suceder en el futuro ya se verá, y de momento apenas podemos hacer el intento de elucubrar y hacer nuestros propios cálculos. No obstante, existe algo que sí entraña una mayor objetividad: el impacto. Miremos a nuestro alrededor, y en gran medida, echemos un vistazo a la Red. ¿Qué efecto ha surtido el software libre sobre la microgalaxia del software? Bien, está claro que el vaso se ha desbordado, y el concepto del código abierto, GNU, etc., no se limita ya a un exclusivo grupo de iniciados, sino que ha trascendido a la escena pública de un modo espectacular. Por poner un ejemplo, muchísimos medios de comunicación internacionales han dado testimonio del proyecto Linex -Linux para la administración de la Comunidad de Extremadura, que de esta forma ha saltado a la palestra planetaria debido a su admirable iniciativa tecnológica-, o de la ley de patentes del software. No quiero mentir ni engañarme a mí mismo. Si contemplamos la sociedad, vemos enseguida que el calado del software libre es ínfimo, pero también descubrimos que su implantación, su realización como alternativa viable, es cada vez más firme. El segundo de a bordo de Microsoft, Steve Ballmer, ha dado la voz de alarma sobre los elementos de la competencia más agresivos e inminentes, como Linux-sistema operativo y OpenOffice-suite ofimática.

Debemos distinguir ahora entre los usos particulares y los usos empresariales. Aunque es posible que el cliente de a pie de calle se decante por Windows -debido sobre todo a que viene encasquetado en el ordenador-, las empresas, gracias al departamento informático, pueden conocer y ponderar los beneficios de alternativas como Linux, por ejemplo.

La eficacia del software libre se sitúa en otro espectro del mismo asunto. En los últimos tiempos he conocido algunas aplicaciones absolutamente experimentadas y profesionales que podrían dejarnos con la boca abierta, debido tanto a su poder de ejecución, como a su extrema compatibilidad con diversos entornos lógicos: Windows, Linux, Mac X, ¡e incluso el difunto, afamado y añorado BeOS! De los últimos programas de que tuve conocimiento -o a los que presté mayor atención, aunque de hecho tuviera constancia de ellos desde hacía hasta un año- puedo destacar cuatro que me han parecido especialmente atractivos.

Por una parte, Gimp -www.gimp.org-, una extraordinaria aplicación que disfruta merecidamente del calificativo de "profesional". Se trata de un programa de retoque fotográfico que, en numerosos sentidos, se sitúa a la cabeza del mercado del diseño gráfico para imágenes reales, haciendo una competencia cercana al gran timonel Adobe PhotoShop. Cualquier aficionado al retoque fotográfico, al desarrollo de páginas, y cualquier profesional de estos campos, puede sacar partido de toda su creatividad mediante este potente ingenio GNU. No se echan de menos muchas funciones. Está, así pues, a la altura del uso laboral y supera con creces las expectativas que un usuario pueda tener. El viejo mito de que lo gratuito es malo sucumbe frente a ejemplos como este.

Blender -www.blender3d.org-, el gran software para diseño y animación en tres dimenciones, ha sufrido a lo largo de su vida una gran cantidad de tribulaciones. Cambio de propietarios para empezar. La historia es curiosa y se puede consultar en las múltiples páginas web dedicadas a él. En todo caso, se trata de una sofisticada herramienta multimedia que, según parece, está a punto de incluirse en el rango profesional, luego de que se añadan algunas funciones nuevas. Es algo complicada, y el viejo método de pulsar botones hasta aprender para qué sirve cada uno ya no es útil, pero resulta fácil encontrar completos manuales en castellano y hacer sus pinitos en el creativo medio del diseño multidimensional. En las webs pueden verse películas de ejemplo desarrolladas con Blender absolutamente espectaculares.

Una tercera aplicación que he encontrado muy útil para el uso casi cotidiano del desarrollo web es FileZilla -filezilla.sourceforge.net-. Se enmarca en el grupo de los clientes FTP, se distribuye en un pequeño paquete que soporta muchísimos idiomas -incluyendo el español, claro está-, y tiene extensas capacidades para realizar las tareas de transferencia de nuestros sitios web desde el ordenador hasta el servidor. Es sencillo e intuitivo.

Referencia: Hacemos un análisis en profundidad de FileZilla en nuestra sección de programas.

Igual de sencillo e intuitivo que un gran descubrimiento de los últimos tiempos, 7Zip -www.7-zip.org-, un pequeño programa de compresión que se integra en el menú contextual, se encuentra en castellano, y lleva a cabo todas las tareas que podemos requerir para hacer de nuestros archivos unidades más pequeñas. Soporta zip y tantos otros formatos, desde luego, pero incluye como novedad exclusiva un nuevo algoritmo de compresión que logra una reducción de tamaño hasta un 50% mayor que el clásico zip.

En fin, he incluido aquí unos ejemplos maestros de hasta qué punto resulta impecable y eficaz el software libre. A estas alturas negarlo es absurdo. Linux, servidores Apache, PHP, Mozilla... son las joyas de la corona; sin embargo, menos a la vista e igualmente notable y útil, existe una enorme variedad de aplicaciones con que satisfacer gratuitamente nuestras necesidades. El software libre, ya lo veremos, ya, es un tipo duro. Llegará muy lejos.

Autor

Gck

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Comentarios

José

10/11/2003
Desde ya hace varios años uso software libre, y realmente creo que el problema mayor del software libre es que la gente tiene un pre-concepto de ellos, piensa que no es bueno (que microsoft es lo mejor), y por dar un ejemplo sólo: el día que un usuario navege y maneje su correo con Mozilla, no debería volver a tocar IE, o OE... Los mismos usuarios de software libre deberíamos hacer la propaganda. Un saludo grande

xes

28/1/2004
y no nos olvidemos del Openoffice que tiene capacidades ofimaticas muy buenas e incluso un editor de paginas web muy interesante, está a la altura del microsoft office, y es gratuito

X-Mangel

07/9/2004
O de Sodipodi, si hablamos de diseño vectorial.