Hace poco visitaba un sitio web de cierta gran empresa y terminé preguntándome si la redacción había corrido a cargo de algún narrador extranjero. El texto era breve y directo, pero cometía fallos gramaticales tan evidentes que era lo que más llamaba la atención; incluso más que el bonito y “efervescente” diseño. Tengamos en cuenta que si nos consideran poco aplicados, no nos tomarán como una alternativa razonable. (Y olvidemos la idea de que alguien nos pague por nuestro trabajo.)
Miremos, analicemos, aprendamos de los demás. Es un proceso basado en la febril actividad de nuestro ratón. Tendremos que hacer clic cientos, miles de veces, antes de que el efecto de los maestros del web deje huella en nosotros. Para empezar podemos observar los estudios y casos de grandes empresas del medio como Adobe y Macromedia, que incluyen secciones ex profeso muy interesantes; y también tenemos la oportunidad de mirar las páginas de las agencias de publicidad y diseño; con frecuencia sus mejores trabajos están hechos para sí mismos, y no para sus clientes.