El proceso de adopción de un nuevo formato por parte de la comunidad de usuarios de Internet es muy complicado y lento. Sin embargo, merece la pena el esfuerzo y los desarrolladores tenemos mucha responsabilidad en ello.
En el artículo
El Expreso Multimedia trataba de ofrecer una visión reducida
de un campo muy, muy amplio: el de los formatos multimedia para uso preferente
en la Red. Y quedaba más o menos claro, mediante algunos ejemplos simples,
que en efecto existe en el World Wide Web toda una región de posibilidades
audiovisuales más allá de los grandes clásicos de hoy, destronados de mañana,
como QuickTime, Flash o los archivos nativos de Microsoft. Asimismo hacía una
referencia fugaz a un formato que seguramente nos inspira a la mayoría un
interés especial, por sus posibilidades de expresión artística y promocional
- independientemente o de forma combinada: afortunadamente, los vendedores
han alcanzado un cierto refinamiento estético que todos podemos disfrutar,
incluso cuando tan sólo se trata de comprar un colchón- , por sus posibilidades
expresivas, decía, y porque está auspiciado por el W3, de modo que nos
encontramos en condiciones de aspirar a una comprensión mutua entre
compañías de software. Me refería al SVG. Pero también hice mención de los
formatos de Alambik. Y de .axs de MindAvenue. ¿Qué tienen en común, aparte de
sus características dinámicas, bajo peso y más que razonable efectividad? Si has
pensado que son formatos extraños... llevas toda la razón. En efecto, son archivos
que requieren plug- ins de escasa difusión, de forma que nos planteamos esta
pregunta: ¿tiene sentido usarlos en las páginas web? Seré diplomático: sí y no. Es
la salida más fácil, ¿no?
Ahora seamos francos: los grandes portales de Internet, y las empresas de
publicidad on- line, no apostarán un céntimo por ninguno de ellos. Al menos de
momento. Es un riesgo que no están dispuestos a asumir - les sobra razón- ,
porque a fin de cuentas, ¿quién se bajará un programita de un MB para disfrutar
de la fatigosa publicidad de un sitio que seguramente no nos interesa? Ya veo.
Entonces, ¿quién los quiere? ¿Un nuevo formato cuya exigua difusión no
justifica el aprendizaje de sus reglas ni el desembolso requerido para adquirir el
software específico? Por todos los demonios, que los aparten, que los aparten de
mí. Sin embargo, ¿qué fue Flash en su momento? ¿Y qué es hoy? Se trata, así
pues, de una apuesta; no ya simplemente una apuesta comercial, sino creativa. La
cuestión se puede reducir a esto: ¿estos formatos nos ofrecen la posibilidad de
expresarnos mejor, expresar exactamente lo que queremos, igual que aparece en
nuestra cabeza? Si la respuesta es afirmativa, merece la pena el riesgo, merece la
pena pagar un poco de dinero, y merece la pena aprender a hacerlo bien. Cuando
se trata de usuarios profesionales, el cliente siempre lleva la razón - o no...- y él
manda; si no quiere SVG dinámico en su sitio web, de acuerdo. Pero el profesional
del diseño es con frecuencia también un creativo, a secas, y saca partido de las
innovaciones, aunque tan sólo sea para teorizar e innovar en su página personal,
en la sección experimental - la que da tanto prestigio al artista- , en una remota
esquina del servidor. Pero ahí se encuentra el documento, listo para descargarse.
Y seguramente unos cuantos navegantes se bajarán el plug- in necesario para
disfrutar de él. Es un asunto de selección natural. Naturalmente uno selecciona lo
bueno. ¡Ni más ni menos! Posiblemente el rendimiento, la amortización, y todo lo
que tiene que ver con las finanzas - e incluso con el reconocimiento público-
tardarán en llegar, pero eso no está tan mal. No es lo que buscamos. ¿O sí?
Estos argumentos son realmente genéricos y se pueden aplicar a cualquier
tipo de archivo, incluyendo los formatos propietarios. No obstante, existen
consideraciones propias para los formatos de desarrollo abierto y las especificaciones de W3, como el
mencionado SVG. Y es que nos hacen bien a todos: son talentosos y útiles,
contienen el buen hacer y las ideas de muchísimas personas cuyo motor es su
propia pasión, el software de creación no se encarece a causa de los derechos de
autor, a veces abusivos y absurdos, de las empresas desarrolladoras. Y en el mejor
de los casos, no necesitan conectores, sino que forman parte del proceso de
lectura estándar del propio navegador. Eso es lo que debería ocurrir con SVG, sin ir
más lejos. Si la interpretación de las hojas de estilo no depende de plug- ins
especiales, ¿por qué los gráficos vectoriales escalables sí? Seguramente todo
mejorará si se dan estas circunstancias:
- Existe una competencia real, legítima y justa entre los navegadores: así
sus programadores harán el esfuerzo razonable y competitivo de
implementar el software y adaptarlo a los estándares. Este punto, sin
embargo, es dramáticamente improbable. Internet Explorer, famoso por
despreciar a su manera la norma general, es el ¿navegador? más
empleado.
- Los usuarios se preocupan de descargar e instalar los conectores
adecuados, y los diseñadores web fomentan esta decisión mediante el
uso de tecnologías innovadoras y útiles para exponer sus trabajos
creativos. Ningún navegante se bajará un conector para ver publicidad,
pero ¿lo haría para disfrutar de una pequeña e ingeniosa película
cómica? En fin, muchos de nosotros tenemos Adobe Acrobat Reader
casi exclusivamente para ver on- line las facturas de la compañía
telefónica. Si es útil, el usuario lo querrá.
- Se da un replanteamiento global de Internet y de lo que la Red significa
para todos nosotros, no sólo como artículo ocioso en nuestras vidas,
sino como representación ideal de nuestras libertades y uso sin
censuras de informaciones y tecnologías que favorecen la cultura y el
progreso.
En conclusión, pues, la apuesta por la innovación tecnológica al margen de
las mega- corporaciones de contenidos digitales es responsabilidad de todos,
incluyendo muy especialmente a los desarrolladores web. Así las cosas, suerte y
buen trabajo.