Valoración del artículo:
Hay gente que piensa que, dado que el software libre no se hace para ganar dinero, es un producto sin futuro, una utopía o sueño de románticos. Puede que estén equivocados.
Publicado: 05/9/03
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Una forma de aprender tan buena como cualquier otra es dar vueltas y
más vueltas y observar con voracidad lo que otros hacen, opinan y proyectan.
Conócete a ti mismo, como reza la famosa máxima. Y conoce a tu enemigo.
Además, últimamente he descubierto en qué medida puede ser revelador echar
un vistazo a esos portales de ciber-noticias que incluyen estructura foral, de forma
que el lector también es activo y participante; más aún, con frecuencia el usuario
final es quien con la mejor ironía aporta el punto de vista más interesante o el
dato más esclarecedor. Bonita paradoja. La cual, además, puede llevarse al
extremo. Es posible que el artículo en cuestión no tenga el menor interés, y que el
navegante incluya un comentario que ni siquiera guarda mucha relación con el
tema tratado, pero añade un cierto juego.
Verán, hace unos días leí la noticia de que Microsoft se dispone a tomar la
iniciativa en España de la venta on line de piezas musicales con la ayuda del
grupo Tiscali. Existe un flamante precedente: el éxito logrado por Apple con i-
Tunes. La noticia incluía un dato fundamental: Microsoft va a usar su Windows
Media Player como gestor de medios, digámoslo así. Yo respondí que la idea de
Microsoft es buena, pero quizás no resulte del todo viable o, cuanto menos, es
posible que observe en su camino más obstáculos de los previstos en un primer
momento. A fin de cuentas, la Unión Europea, promovida por ProComp -de
ProCompetencia, un grupo de grandes empresas del ramo informático
enfrentadas a la compañía de Bill Gates, como Sun, Corel, AOL, etc-, acusa a
Microsoft de abusar de su posición dominante en el mercado y le obliga a, o bien
eliminar Media Player del sistema operativo como aplicación estándar, o bien
incluir software multimedia de terceras partes. La multa, a propósito, es notable:
varios cientos de miles de millones de pesetas.
Entonces alguien respondió que no confiaba en los proyectos Open Source.
Es evidente que no guarda ninguna relación con el tema de Media Player, y el
autor del comentario no hizo esfuerzo por conectar ambos asuntos, pero da igual.
Open Source es algo sobre lo que siempre resulta divertido debatir.
El navegante opinaba que OpenSource, por cuanto no crea empleo -¿?-, no
es más que un sueño de románticos -románticos programadores sin vida personal
aparente, según dijo-. No entraré a discutir flecos y tópicos, pero antes de ir al
meollo quisiera hacer una pequeña distinción básica y bastante evidente. Un
programa de fuente abierta no pertenece necesariamente al dominio público;
tan sólo es una garantía de seguridad para el usuario. Para que además de
abierta, la fuente sea libre y modificable, debe atenerse a licencias como por
ejemplo la famosa GPL. Es decir, técnicamente es posible que un programa de
software muestre su fuente y además sea propietario.
Ahora cabe hacerse la siguiente pregunta: ¿merece la pena GNU? Ey, si no
crea riqueza financiera, seamos serios. Éste es un argumento muy común. Pero si
se trata de aplicar argumentos a situaciones simétricas, digamos también que las
ONG's son una pérdida de tiempo. Al fin y al cabo crean poco empleo y no generan
dinero, tan sólo filtran las aportaciones de sus miembros y otros ciudadanos y lo
destinan a 'obras de caridad'. ¿Alguien diría por ello que las ONGs no merecen la
pena? Lo dudo. De hecho nunca he oído a nadie hablar en este sentido, porque
sencillamente el motor de este tipo de organizaciones no es el desarrollo financiero
de sí mismas. Su motor es otro. Hacer las cosas bien por el interés de que las cosas
estén bien hechas. No es ningún juego semántico. Es la verdad.
¿Quién espera que GNU haga dinero? ¿Acaso es una empresa? Exacto, no
es una compañía de inversiones, sino una comunidad de usuarios insatisfechos
que desean aportar su creatividad a nuevas formas de entender la tecnología. Lo
que prima, en consecuencia, es el impacto social. Formulemos una pregunta: ¿en
qué medida beneficia el software libre a compañías medias sin demasiados
recursos para la implementación informática, o mejor aún, a los gobiernos de todo
el mundo, en especial a aquellos menos aventajados? Pongamos por caso el
ejemplo clásico de Linux: su reducido precio permite que una administración
incremente los recursos destinados a otros sectores -educación, servicios sociales
genéricos, alimentación de sus ciudadanos: no es demagogia, miren más al sur-,
gracias al escaso gasto en software básico -sistema operativo- o en aplicaciones de
uso cotidiano -ofimática, por ejemplo-.
En fin, no es una perversión aportar algo al mundo y no ganar dinero con
ello. Podría hablar de compañías que gestionan comercialmente distintas
distribuciones de Linux, pero no hace falta. El beneficio con que el software libre
contribuye a la comunidad es tan amplio que resulta suficientemente elocuente
por sí mismo. No se precisan más argumentos.